"Ese instante en el que la vida se detiene de repente para que yo la capture con mi máquina"

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Tras mi foto, ¿Por qué?

TRAS MI FOTO es el motivo que me ha llevado a compartir con el mundo algunas de las aficiones que más llenan mi vida y que ocupan gran parte de mi tiempo libre.
La fotografía y la escritura me proporcionan la libertad que necesito. Con ellas expreso mis sentimientos, mis vivencias y mis inquietudes.
TRAS MI FOTO es un baúl, el cual iré compartiendo y llenando, poco a poco, paso a paso y foto a foto.
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sábado, 9 de diciembre de 2017


Sentimiento.



Hace ya un tiempo, mientras caminaba por los alrededores del pueblo, se acercó una joven muchacha hacia mí.

Iba acompañada por una señora de avanzada edad, de pelo cano, recogido y medio oculto por un pañuelo oscuro. Lucía unas rigurosas y luctuosas prendas de luto mientras se apoyaba con dificultad sobre un viejo bastón de madera oscura.

La joven muchacha portaba apoyado sobre su pecho y sujeto sobre uno de sus brazos, un modesto ramo de flores, mientras sus pequeñas y blanquecinas manos temblaban levemente, no sé si por el peso del ramo o por cualquier otro motivo.

Alzó lentamente su mirada con un triste y melancólico gesto y tímidamente me saludó con una voz tenue y entrecortada mientras me preguntaba si conocía donde estaba el camino de los muertos.

Le contesté afirmativamente y, con un ligero movimiento de mi brazo, le indiqué por donde debía dirigirse hacia el lugar que estaban buscando. “Gracias señor” – me dijo la joven muchacha.

Se marchó lentamente junto a la señora de avanzada edad tomando ambas la dirección del camino que les indiqué.

La joven muchacha sujetaba con un brazo el modesto ramo de flores y con el otro ayudaba en su lento caminar a la mujer de avanzada edad.

Reanudé mi camino aunque no dejé de pensar en aquellas dos mujeres que interrumpieron mi camino y es que algo había en ellas que despertó mi interés.

Decidí ir a su encuentro atravesando las viejas calles y las estrechas sendas de la huerta hasta llegar al camino que le indiqué a la joven muchacha.

A lo lejos las pude ver, entrando al cementerio, cogidas del brazo y ayudándose del viejo bastón de madera oscura tal y como las dejé al principio.

Al llegar al camposanto las vi orando delante de una vieja sepultura circundada por unos grandes cipreses en donde habían depositado el modesto ramo de flores que había llevado la joven muchacha durante todo el camino.

Rezaban continuamente y repetían unas monótonas salmodias que no conseguía entender. No se movían de aquella fría lápida de mármol gris que tantos recuerdos y sentimientos parecía acompañar a esas dos mujeres mientras seguían juntas, de pie, cogidas del brazo y sollozando tímidamente.

Caía la tarde sobre el camposanto y un viento frio y racheado azotaba los cipreses y removía de un lugar a otro las hojas y flores secas que conviven con los difuntos por entre las tumbas.

Las dos mujeres se marcharon lentamente de allí pero yo decidí quedarme un rato más y pasear por entre los empedrados caminos del viejo cementerio escuchando los sonidos del viento azotando las copas de los cipreses y sintiendo los suaves golpeos de las hojas secas en mi cuerpo.

Al salir por una de las puertas laterales fijé mi vista hacia una montonera que había en un cercano descampado junto a una de las paredes del cementerio.

Allí yacían, a vista de todos, los sentimientos más profundos y más íntimos de todos cuantos, hoy por hoy, todavía llevamos flores a nuestros muertos.

Arrumbadas, junto a basura y escombros, estaban los restos hediondos de los ramos y coronas de flores que no hace mucho tiempo eran sentimientos de dolor, de soledad y de despedida.

Sentimientos vivos que lucían con prestancia sobre el recuerdo del pasado más cercano estaban ahora abandonados, tirados, dejados por las manos de cualquiera, prestos a ser totalmente olvidados por los vivos y seguramente también por los muertos.

Recordé de nuevo a esa joven muchacha, con aquel ramo apretado junto a su pecho. Desde entonces cada vez que vuelvo al cementerio visito esa tumba y coloco sobre ella una flor para mantener vivo su sentido y su sentimiento.

Hoy esa misma fría tumba de mármol gris, circundada por unos grandes cipreses, tiene otro nombre grabado sobre su lapida. Es la mujer de avanzada edad que acompañaba a la joven muchacha.
Ricardo López Rubio.
Datos EXIF : (D750 - ISO 100 - f/5.6 - 52mm - 1/400 sgs.)